
Cuando uno vuelve a casa tras mucho tiempo fuera, parece como si al llegar las paredes se hubieran vuelto más tímidas.
Miras hacia al techo, el suelo y cada uno de los rincones de tu guarida con un receloso y a la vez placentero sentimiento de paz y seguridad.
Pero si el retorno está acompañado de su sonrisa, la casa entera te abraza.
Un abrazo vale más que miles de kilómetros y las llegadas siempre son bonitas y especiales. Mucho más que las despedidas. Nuncajamás sigue aquí.
Estás leyendo una Anotación del weblog Diario de Nunca Jamás, por Raúl Ordóñez publicada el 19 de Abril de 2007, y archivada en la Categoría Pensamientos. Si lo deseas, puedes participar en el diálogo dejando un comentario.Pero si ésto no es lo que estabas buscando, siempre puedes echar una miradita a a los Archivos del Blog.
Las vueltas así son las mejores ;), cuando al otro lado hay personas que te esperan con un gran abrazo:)
un besazo, y preciosa esta foto de wen !muaaaaaaaaaaak pa los dos
Que pasada de imagen, es preciosa…. Aunq con una modelo tan bonita…
Comprendo tu sensacion. Un post precioso y sensitivo.
Un abrazo, feliz de verte de vuelta.