Así estoy hoy después de la estupenda mañana que he pasado con Wendy.
Nos levantamos tempranito y fuimos al centro a darnos un desayuno de homenaje. De esos de zumos, cafés, tostadas… de fin de semana, como yo digo.
Después nos acercamos al SPA del Gran Hotel de Lugo donde teníamos un tratamiento corporal que nos había regalado nuestra amiga Bea en la boda. Y vaya regalo. Creo que nunca había salido de un sitio tan relajado. La babilla se nos caía. Nos han dado chorros de agua, nos han envuelto con aceites y algas, nos hemos relajado en bañeras de pompas y sobre todo un masaje de media horita que ha sido mi sueño hecho realidad. Pufff… ya estamos pensando en repetir.
Luego un paseito por la ciudad aprovechando que hace un tiempo increible para las fechas que estamos en Galicia. Unas tapitas y una comida en un restauante nuevo del centro que no conocíamos pero que nos ha encantado (disculpad que no recuerdo el nombre). Comida tradicional gallega a un precio muy bueno. Y ya para rematar mi postre preferido en mi local favorito: un brownie en el Met Bar. ¿Qué más se puede pedir?

Encima nos ha dado tiempo a echar una siestecita y ahora ya estamos pensando en el plan de la tarde y la noche. Chicos, disfrutad de la vida, que merece la pena ;)
Estás leyendo una Anotación del weblog Diario de Nunca Jamás, por Raúl Ordóñez publicada el 3 de Noviembre de 2007, y archivada en la Categoría Vida Cotidiana. Si lo deseas, puedes participar en el diálogo dejando un comentario.Pero si ésto no es lo que estabas buscando, siempre puedes echar una miradita a a los Archivos del Blog.
Qué buena pinta tiene la jornada que explicas, y menuda pinta tiene el brownie también, se me cae la baba sólo de verlo.
Claro ejemplo de que para ser feliz tampoco hay que hacer nada raro; a seguir disfrutando de la vida.
Besos
Jolín, qué cosas teneis en las galizas que aquí en la costa este no pillamos ni de coña :D
¡Enhorabuena por ese finde para los dos!