En el hotel:
Historia de una soledad. Sucedió el jueves, unas horas antes de la contrarreloj de Annecy. Contador bajó al vestíbulo del Palacio de Menthon, el lujoso hotel del Astana. El Tour seguía en juego. Miró a la derecha, a la izquierda. Nadie, nada. Ni auxiliares ni coches. Sudor frío. Mirada al reloj. Pero, ¿dónde están?
El hotel dista de la salida varios kilómetros. Y el líder del Tour, en chanclas, bolsa en mano y solo. Entonces entró al hall, buscó un respuesta y la halló: Armstrong había ordenado a los auxiliares ir a recoger a su mujer, sus hijos y sus amigos al aeropuerto. Contador bajo el último porque iba a ser el último en salir en la contrarreloj. Armstrong le había quitado el coche. Fue el colmo. Sudor caliente. El de la rabia. Llamó a su hermano Fran. Vino a buscarle y le llevó, en un vehículo privado, hasta Annecy. Salió el último y llegó el primero. Su mejor victoria. En la crono. En solitario. Como ha ganado su segundo Tour [...]
La subida más difícil de Contador no tuvo imágenes. Otros la contaron. Se disputó en el hotel y en el autobús: durante una etapa, Armstrong sentó al fondo del bus a sus invitados, justo en el lugar que ocupa siempre el madrileño. Una más. Armstrong, a la suite. Contador, a dormir con Paulinho, su único fiel. Y así todo el Tour. Callado, escuchando: «No hay que ser un premio Nobel para saber que va a haber abanicos», ironizó Armstrong cuando Contador cayó en la trampa de La Camarga.
Demoledor el artículo que publican en El Comercio Digital, sobre la otra gran batalla que ha tenido que librar Contador para ganar el Tour de Francia: la de su propio equipo y “compañero” Armstrong.
Enhorabuena Contador.
La experiencia me ha demostrado que un día de sol en Galicia hay que aprovecharlo. Por eso este fin de semana me he puesto modo playero [on] para pasar un sábado y un domingo estupendo junto a Wendy. Jose y Puri.
Hemos estado en la mariña lucense, concretamente en la playa de Coto, que pertenece al concello de Benquerencia. Siempre lo he dicho: si pillas un día de julio con buen tiempo, las playas de Lugo pueden ser de las mejores de España: kilométricas, con una arena finísima, con un agua muy limpia, transparente y con una temperatura estupenda. Para comer hay buenos sitios en la zona, pero si me tengo que quedar con uno: el Restaurante Moderno, en Barreiros.
No quiero pensar que esto puede estar pasando también en España… El vídeo que véis sobre estas líneas corresponde a un reportaje emitido por el canal de televisión británico Sky News que estaba investigando, hasta qué punto las tiendas de informática timan a sus clientes. Para ello, averiaron con intención un portatil, al que también dotaron de un sistema secreto de videovigilancia, para poder saber lo que los “tecnicos” hacían para reparar el aparato.
El resultado: de los seis establecimientos informáticos a los que llevaron el portatil para arreglar, sólo uno se dio cuenta de cuál era el problema real (apretar una memoria que se había “desajustado”), mientras los cinco restantes sablaron literalmente al cliente “diagnosticando” un fallo (que por supuesto no existía) en la placa base y que requería la sustitución de la misma a un coste de 120 libras…
Pero es que eso no es lo peor, el dispositivo de videovigilancia que el equipo de Sky News había puesto en el portatil, grabó como algunos de los empleados de estos establecimientos, accedían a datos privados del cliente, como fotografías, cuentas de Facebook… En fin, terrorífico.
Vía | Bitacoras.com
Me encantan las buenas campañas de publicidad. Sobre todo si la idea que hay detrás es creativa, sencilla y aporta experiencia al público que la recibe.
En este caso la secuencia es clara: un sitio por donde pasa mucha gente, una pantalla con iconos que invitan a fotografiarse junto a ella, y el efecto viral hace el resto.
Visto en Alt1040, que a su vez lo vio en eblog.com.ar y así sucesivamente…