Cuando decidí inscribirme hace unos meses, intuía que se trataba de una prueba especial, pero nunca tan mágica. Así ha sido mi primera Behobia: mágica.

Ya tenemos dorsal para #behobiass #boostbehobiass Ambientazo en la feria del corredor!

Una foto publicada por Raúl Ordóñez (@jaspeante) el

Todo amante del atletismo debería correrla al menos una vez en su vida. La Catedral del running en nuestro país; una fiesta que se vive dentro y fuera del asfalto, antes y después del crono. La Behobia es capaz de emocionar como ninguna otra.

La prueba tiene 20 kilómetros pero el nivel, tanto por número de inscritos (34.000 en esta edición) como por calidad organizativa, es de maratón internacional. Y ya, si hablamos del público, entramos en otra dimensión: nunca he visto una carrera con las calles tan abarrotadas y en la que la gente anime (y ayude) más que en esta.

Pero ojo: esta grandeza lleva asociada también dureza; no es una carrera fácil y conviene respetarla de principio a fin. Empezando por el recorrido, con un perfil rompepiernas, en el que destacan dos altos (el de Gaintxurizketa en el kilómetro 7, y el de Miracruz, en el 17) que se le pueden atragantar a más de uno.

Tampoco podemos olvidar las condiciones meteorológicas que habitualmente envuelven la prueba y que por lo general suelen ser adversas (el frío, la lluvia y el viento tan propios del norte de España por estas fechas de noviembre). Este año también lo han sido… ¡pero inexplicablemente por el calor!: más de 27 grados (y humedad) en el momento de disputarse y que en esta ocasión ha tenido un triste balance de un fallecido y varios ingresados por golpes de calor.

foto_jasp

Todos estos factores endurecen la carrera y obligan a plantear de partida una estrategia conservadora. Así lo habíamos hablado el grupo de amigos que desde Galicia fuimos hasta el País Vasco para correrla. No íbamos a hacer marca, y aún así alguno sufrió muchísimo durante la prueba.

En mi caso particular, quitados los nervios iniciales (y unas rozaduras en los pezones no precisamente agradables), tuve unas sensaciones estupendas; la experiencia de la última Vig-Bay me sirvió de mucho y esta vez conseguí gestionar muy bien el tema avituallamientos llegando con gasolina de sobra; pude disfrutarla al máximo, de principio a fin, sonriendo en todo momento y devolviendo al público los calurosos aplausos recibidos; motivando a los compis cuando flojeaban e incluso dando la vuelta a 500 metros de la meta (corriendo en sentido contrario) para ayudar a uno que lo estaba pasando realmente mal y así poder entrar juntos en meta 🙂

Tiempo final: 1:55:41. Posición 15.582 de la general, (de 26.649 finishers). Aquí os dejo el track de la prueba:

track_strava

Por último, no me puedo despedir sin recordar que, salvando las distancias, en Jaén tenemos la suerte de contar con otra carrera realmente mágica: la San Antón, una prueba de 10 Kms, cargada de historia, en la que compiten casi 10.000 personas -lo cual es absolutamente alucinante para una ciudad de 120.000 habitantes- y en la que el público puede llegar a animar tanto como en la Behobia. Y si no me creéis, echad un vistazo a este vídeo. Así que invitados quedáis a la San Antón 2016 (noche del 16 de enero).

Esta ha sido mi crónica personal, próximamente, en el blog de los Pulpoliva Runners, una crónica más completa, con vídeo incluido.

Creo que nunca he disfrutado tanto en una carrera. Esta será una medalla de grandes y buenos recuerdos. #behobiass

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