Posiblemente esta sea una de las fotos más especiales que he visto en mi vida. Su autor, Félix Sánchez, la tomó este domingo, segundos después de que el protagonista cruzara la meta del Maratón de Sevilla.

La imagen va mucho más allá del cansancio y sufrimiento que representa acabar una prueba en la que un humano recorre los reglamentarios 42 kilómetros y 195 metros, y de hacerlo además, de la forma en que lo hizo Jesús España (debutando en la distancia de Filípides y logrando acabarla en 2 horas, 11 minutos y 58 segundos, lo que suponía, entre otras cosas, pasaporte directo para los juegos olímpicos de Río de Janeiro).

La imagen sería una más de tantas sino fuera por ese otro pequeño ser humano llamado Iván, que no tardó en correr a abrazar a su padre, consciente -o no- de la proeza que acababa de conseguir. Emocionante, ¿verdad?

Estamos acostumbrados a sujetar a nuestros hijos cuando sabemos que están débiles o los abrazamos cuando estamos felices y orgullosos de ellos, pero estamos muy poco acostumbrados a encontrarnos con la escena contraria. Por eso, los que pudimos verla en televisión, no pudimos evitar las lágrimas ni la emoción: un padre destrozado por el cansancio y su hijo sujetándole en un gran abrazo. Nada más y todo eso a la vez. Amor puro.