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El blog de Raúl Ordóñez

La San Antón: mi crónica y la buena suerte

Debo admitir que aunque soy una persona optimista, ayer por la noche estaba realmente negativo. Jodido. Impotente. Vencido.

Había viajado este fin de semana hasta mi tierra para correr, la que por méritos propios (tanto por historia, como ambiente, espíritu, participación y público), se ha convertido en la carrera popular más importante de España con permiso de la Behobia San Sebastián. Estoy hablando, por supuesto, de la San Antón. El siguiente vídeo del inicio habla por sí solo de lo que representa este evento para el deporte jienense:

Como ya ocurriera el año pasado, y a pesar de algunas de las mejoras llevadas a cabo en esta edición, la afluencia de tal cantidad de corredores (diez mil para ser exactos), la estrechez del recorrido, y una salida mal organizada de nuevo (la prueba pide a gritos salidas por franjas en lugar de esta salida conjunta), hacían completamente imposible el reto de correr con soltura; los tapones y paradas eran frecuentes y lo peor de todo es que el tráfico era tan intenso que se ponía en riesgo la integridad de muchos corredores con empujones, pisotones, salidas, etc…

Siendo conscientes de este panorama, en el grupo de amigos que íbamos, nuestra principal preocupación era disfrutar del ambientazo y al mismo tiempo salir ilesos de aquella marabunta. Precisamente íbamos comentando esto mismo hacia el kilómetro 3, cuando nos aproximábamos al parque de la Alameda. Recuerdo perfectamente que le dije bromeando a Diego: “Mi éxito hoy va a ser salir sin un esguince de aquí”.

Dicho y hecho: tan solo unos metros más adelante, justo a la entrada del parque, en una zona sin apenas iluminación y en la que la calzada se estrechaba muchísimo, nos veníamos obligados a pisar la zona de la carretera que estaba en peor estado y ahí llegó mi temida torcedura. No me lo podía creer; era el mismo tobillo que hace tan solo dos meses sufrió el esguince. Había vuelto a ocurrir ¡menuda mala suerte!

Al momento Diego y Jota pararon conmigo (gracias chicos) y me animaron a seguir para ver si era una simple torcedura y con un par de pisotones y reiniciando suave, podía seguir… pero no. Yo sabía que no lo era. Sabía perfectamente que me había vuelto a lesionar y las lágrimas comenzaron a salirme solas :_(

Y lo hacían porque sabía que no podía seguir, pero sobre todo, porque esto muy probablemente significaba tener que renunciar a mi primer gran reto de 2017: la maratón de Sevilla, mi primer maratón. Un objetivo que me puse ya en marzo de 2016 cuando me inscribí y para el que me estaba preparando y entrenando específicamente desde octubre. Rabia, tristeza, impotencia, mala suerte. Poned el calificativo que queráis. El dolor físico era lo de menos en ese momento.

Ya en casa de mis padres, con todos estos sentimientos encontrados, el teléfono no tardó en sonar y tanto Wendy como mis amigos y mi familia empezaron a animarme como nunca, a quitar hierro a la situación y a hacerme ver esto como lo que realmente es: una putada sí, pero algo completamente normal para alguien que practica deporte y que encima no es profesional sino completamente amateur. “Nada que no se cure con una buena dosis de amistad, nene. Estamos en el bar La Marimorena y aquí te hemos preparado un sofá y una silla para que tengas la pierna en alto, así que sal ahora mismo y vente a tomar una cerveza; no aceptamos un no por respuesta”. Y así fue:

Escribiendo estas líneas hoy, con el tobillo menos dolorido, y ya desde Galicia con mis dos princesas, la vida se ve distinta. Ese sentimiento de impotencia y resignación y de querer dejar esto de correr para dedicarme a otras cosas que ayer se me pasaba por la cabeza, empieza a convertirse en algo positivo…

Ya no hay nada que hacer y ahora solo se puede mirar para adelante. Pensar en que voy a recuperar pronto y en que pasito a pasito, sea este reto o sean otros nuevos, volveré a hacer lo que más me gusta. Por que la buena suerte no consiste en poder correr una maratón o prueba específica sino en tener la oportunidad de poder prepararla. Pensar que lo verdaderamente importante no es el final, sino el durante. El haber disfrutado de cada entrenamiento, de cada día en el que uno puede salir a correr y sentirse libre.

Esa es la verdadera buena suerte. Muchas gracias a mi familia y amigos por esa inyección de moral. Sois geniales.

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2 Comentarios

  1. Muy deacuerdo. El deporte amateur debe sercomo la música, se debe disfrutar de la obra de principio a fin en todas sus notas. Lo importante es el camino. Recuperate pronto 😉

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