Escribo estas líneas tan solo un par de días después de publicar la crónica personal de lo que fue mi desgraciada (o no tanto) participación en la edición 2017 de la Carrera de San Antón de Jaén.

Ahora, al igual que hice el año pasado en un artículo crítico (pero con espíritu constructivo), me gustaría reflexionar de forma más general sobre el estado actual de la prueba y los importantes retos que aún debe acometer si no quiere morir de éxito.

Y lo hago porque amo mi ciudad, su gente, su historia, su habla, su patrimonio… entre el que se encuentra este evento deportivo que ya forma parte del ADN de todos los jienenses… y porque tal y como comenté en aquel post que tuvo tan buena repercusión, creo firmemente en que esta carrera, si se lo propone, puede llegar a convertirse en una de las más prestigiosas del mundo… pero también, porque desgraciada y peligrosamente, puede ocurrir todo lo contrario.

Y es que, aunque lo primero que nos pide el cuerpo es sacar pecho por una fotografía como la que ilustra este artículo (que por cierto es de Indalecio Serrano), lo acontecido en esta XXXIV edición es a la vez un fiel reflejo de la delicada situación en la que se encuentra ahora mismo la carrera, con una aparente solidez, que esconde sin embargo innumerables problemas internos. De no ser solventados, pueden convertirse en un arma de doble filo. Ya sabéis aquello de que la potencia sin control, no tiene sentido.

Sirva por tanto el presente análisis para ofrecer a la organización algunas impresiones y propuestas desde mi humilde experiencia y punto de vista. Para ello, quizá la mejor forma de comenzar sea con este vídeo del que se obtienen algunas conclusiones:

Leer más